jueves, 9 de noviembre de 2017
lunes, 23 de octubre de 2017
viernes, 20 de octubre de 2017
La flor
Aquí, ahora, tú eres amada, tú
eres profunda y absolutamente amado.
Siente lo divino en tu interior.
Siéntelo en tu exterior. Siente cómo aquí y ahora todo es uno. Todo es uno.
Todo es amor.
Desde cada rincón del universo
hasta cada célula en tu cuerpo, hay una corriente apasionada de amor que abraza
la existencia, la devuelve a sí misma. Te despierta. Te despierta a un abismo
vital, a la rotundidad de vivir, de estar aquí y ahora realmente despierta, sin
importar si estás físicamente despierta o dormida. Tu alma se despierta e
impulsa una vida que transciende lo conocido.
Te rodea lo desconocido cada día
y en este momento, estás conectada con cosas que no conoces. Como en una flor
de muchos pétalos, los de un extremo no conocen a los del extremo opuesto pero
están engarzados en una misma flor, son parte de una misma belleza. Y puede
ocurrir que algunos pétalos reciban sombra y otros pétalos sol. Puede ocurrir
que partes de ti se activen y otras se apaguen. Sin embargo, la flor entera
existe constantemente aunque unos pétalos estén al sol y otros a la sombra y
aunque haya momentos del día en que toda la flor se ilumina y otros en que se
oscurece o incluso se cierra. En la plenitud y en la escasez, la flor existe al
completo.
Las partes de ti en realidad no
están en conflicto, lo mismo que en realidad no hay conflicto entre unos
humanos y otros; tan sólo hay diferencias aparentes, superficiales. Cada parte
de ti es un pétalo de una flor completa, cada parte de la humanidad es igual de
importante para la flor. Cada lugar de tu ser, esté a la luz o a la sombra, es
igualmente sostenido por el tallo, por la raíz, por la tierra inmensa, se alimenta
por el sol masivo, inimaginable, que los pétalos intuyen. Cada pétalo, cada
emoción en ti, es en este momento abrazada por la flor, cobijada por el
universo entero.
Aquí y ahora, todo es amor. Todo
es amor.
Extraído de una meditación guiada por Alberto Saiz en el contexto de un
taller Amasfera en el espacio Kuraia Shing (Bilbo) en octubre de 2017.
martes, 3 de octubre de 2017
sábado, 30 de septiembre de 2017
Nada es ajeno
Yo Soy una llama ahora en tu corazón.
Un fuego que al danzar transforma el
latido.
Y la emoción está en el instante. Ni
después ni antes. Una vibración que diluye la frontera del tiempo. Se abre la
puerta del instante hacia un amor sin interior ni exterior, porque encuentra su
identidad donde enfoca la atención. No existe algo que tú no seas. Es la
afirmación rotunda de la vida, la ampliación de la existencia. Nada es ajeno.
El corazón se fusiona con el mundo entero. Nada es ajeno. Esta llama del pecho
resplandece sobre cada ser en la tierra y en el cielo. Nada es ajeno. Vives en
todo lo vivo, vives en todo lo muerto. Todo existe aquí al mismo tiempo. El
instante. El instante en que se comprime el mundo entero.
Oxigenas este mundo gastado en el que se
compite para acceder a experiencias, para no dejar nada por vivir, para
exprimir la existencia. Quien accede al amor no necesita experiencia porque
está presente en todo lo que sucede. Se siente integrada en todo cuanto existe.
Al no necesitar más, crea un vacío, una profundidad distinta para el mundo, una
nueva dimensión, y la ansiedad de exprimir el tiempo se disuelve en esta
dimensión nueva. En un mundo no tan sólido…
Presiente ahora el fuego en el pecho
como si fuese líquido, fuego líquido expandiéndose hacia el resto del cuerpo,
llenando cada parte. Un cuerpo de amor. Como si te habitaran aguas termales;
sanadoras, cálidas, que despliegan emociones dentro de la intimidad del agua
tibia…
Canalizado por Alberto Saiz en el
contexto de un Taller Amasfera en Pamplona, septiembre 2017
jueves, 14 de septiembre de 2017
martes, 5 de septiembre de 2017
Cielo en la tierra
Te sientas ahora
bajo el cielo. Presente.
La inmensidad sobre
tu cabeza. Presente.
Cada viento, detenido,
sentado contigo.
Tú te sientas
y contemplas; el cielo se sienta a contemplarte.
Su modo de sentarse
es flotar en el espacio en torno a ti, permanecer suspendido, inmóvil,
concentrando un mayor número de partículas, increíblemente pequeñas, que
permanecen en tu radio de percepción. En la medida en que contemplas esto, se
pueden fijar nuevas estructuras en el cielo de tu inconsciente.
Practicas la
atención en el espacio que te rodea y el entorno se aquieta. Se difumina la
distinción entre dentro y fuera, de modo que el propio cuerpo se funde en la
quietud. Eres el cielo en la tierra en ese momento. Al proyectar la mente hacia
fuera, la tierra que eres se convierte en cielo. Eres el cielo en la tierra.
Impulsada por la intención de tu conciencia, te encuentras con un cielo que ha
esperado durante eones por este momento. Ser el cielo en la tierra.
Extraído de una meditación compartida en el contexto
del Retiro Espiritual Amasfera en Asturias, agosto 2017
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