La
sonrisa de un niño. Su llanto.
La toma
de conciencia de lo divino sucede con la misma espontaneidad.
El niño
acepta estar en el útero materno y salir al mundo desde el mismo vientre que lo
cobijó. Ese nacimiento engendra el regalo de la vida.
El
místico vibra en lo absoluto y retorna a la dualidad en los mismos brazos
divinos que lo sostuvieron. Ese viaje crea el mensaje del amor.
La
lectura de estos textos permite asimilar la emoción que implica el viaje místico:
una bendición amorosa en el aquí y ahora.
Celebro
compartir este amor contigo y honro tu presencia al otro lado de este libro,
reconociéndote como dios, como diosa.
Título:
“Yo Soy Dios”
Autor:
Alberto Saiz Rodríguez
2ª
edición: marzo 2017
Dimensiones:
12 x 18 cm
Páginas:
39
Precio:
10€
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A continuación, un texto extraído del libro:
Capítulo
“Asombro”
Tú eres amada ahora.
Tú eres profundamente amada ahora.
Yo Soy Dios en tu interior.
Yo Soy Dios en tu exterior.
Todo es Uno ahora.
Todo es Uno ahora.
Deja
caer la sensación de impotencia, la sensación de querer cambiar el mundo.
Cuando tú escuchas el mundo, puede que sientas que es perfecto tal y como es.
Puede que si realmente miras y escuchas el mundo, encuentres una sinfonía con todos los colores, las sensaciones, las
armonías que nunca podrías imaginar en el mundo que tú deseas crear.
El
mundo, tal como es, es fruto de almas como la tuya, de infinitas partículas
divinas como la tuya, semillas que han germinado con colores y sabores
distintos. ¿Por qué hallas que si fuera del color que tu alma percibe sería más
bello? ¿Por qué encuentras que el color que tú eres del arcoíris es más justo
que el resto de ellos? Siéntete abrazada ahora por el arcoíris entero, siente
que eres parte de ello y que es asombro lo que pueden sentir tus ojos al
contemplar el arcoíris entero, todo cuanto existe.
Acostúmbrate
a asombrarte, a no comprender casi nunca, y, por supuesto, a que nunca jamás la
realidad obedezca a tus deseos. Acostúmbrate al asombro, a mirar con ojos
nuevos, a ser solo una partícula, y aceptar el cielo entero poblado por este
arcoíris de humanos, ángeles y demonios.
Todo es Dios en cada momento.
Y en
este asombro, en esta mirada sin juicio ya no hay impotencia, porque percibes
que ya todo está hecho, que nada que tú hagas mejora el mundo, sino que la vida
misma te lleva a lo que necesitas hacer en cada momento sin molestarte en
cambiar el resto.
Entonces
tus piernas son como montañas: estables, sin miedo; montañas que miran al
cielo, que recogen la lluvia de los sentimientos y la transforman en ríos,
lagos, árboles y animales. Tú eres un ecosistema donde convive todo lo que
existe, y estás fuerte, no tienes miedo.
Hoy es
un día para transformar el cielo y el infierno, para llevar los extremos a un
lugar más simple, a un sentimiento fraterno con todo cuanto existe. Deja la
paz, pues, nacer en tu pecho. Recibe este manto de sanación que te acompaña en
el proceso.
Todo es divino ahora.
Todo es Dios.
Todo es
un río de vida que llena y desborda tu corazón. Riega con esas aguas cada
célula, cada emoción. Riega con esa bendición los pensamientos que, como el
cielo, parecen intocables. Esos pensamientos se inclinan ante la fuerza del
amor, descendiendo con el viento hasta llegar al río; allí los pájaros del
pensamiento beben del río de la vida…

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